Cumplo a rajatabla las normas del confinamiento, salgo lo justo y menos a lo más preciso, días enteros sin pisar la calle. El caso es que no tiene mucho mérito para mí esto de estar en modo reclusión porque de siempre he sido lo que viene llamándose muy casera, que no sé si esto es bueno o no.

Pero…vamos… que alguna excursión tengo que hacer de tarde en tarde, ya se sabe, lo típico: ir a la farmacia, a comprar…

Bien. Pues pues cuando tengo que pisar la calle, voy y vengo como si fuera el mismísimo Hermes, el dios griego mensajero que tenía alas en los pies; tan deprisa voy que pareciera que me fueran a pillar en falta, como si estuviera incurriendo en flagrante delito.

Quería compartir este pensamiento , porque no sé si ya sufro daños colaterales del confinamiento o si soy merecedora de un pin, por la velocidad que imprimo a mi andar.

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